sebastian chica

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32 imágenes en: en el nombre del río
PRÓLOGO Agua, sucio, oscuro, tenue, oculto, roto, dulce, limo, verde, claro, gris, luz, ocre, grito, negro, parto, noche, sombra, limpio, silencio, agua: Río. Con este libro el binomio formado por Sebastián Chica e Ignacio Torres nos acercan al Río, nos acompañan al Río, nos hablan del Río, habla el Río, nos descubren el Río, el nuestro que pocos, muy pocos ojos ven de la manera que ellos lo ven. Un Río, cuna de civilizaciones asentadas en sus orillas desde los hombres de Cromagnon –que fueron los que más lo amaron y respetaron, nunca vertieron nada que ensuciara sus aguas- tartesios, iberos, visigodos, fenicios, hasta que llegó una noche la media luna, tapada con su velo, y lo bautizó con Guadal-el-Quivir; después romanos, o antes, ¡que más da! Hasta llegar a hoy que se nos planta delante, en este libro, con toda su grandeza, su dulzura, su crudeza, su rebeldía, su audacia y su temor, su limpieza y su podredumbre. Todo ello fruto de esos depredadores sistemáticos que somos nosotros: los hombres. Y es aquí donde se denuncia, y es aquí donde el Río ríe y llora, en este libro. Estos amigos nos demuestran con sus textos y con sus fotos lo sentimientos del Río que es capaz de dar todo a cambio de nada. Es capaz de hacerse desangrar por capilares como enormes telas de araña que vierten sus aguas por miles de campos para alimento y sustento de todos nosotros. ¿Qué le damos nosotros a cambio? Basura, alpechín, plásticos, latas, gomas…Mierda. ¡Esa es nuestra contribución al buen hacer de nuestro Río! DEL NACIMIENTO AL RENACIMIENTO Rompes la placenta quebrada de la tierra al nacer y tu salto, es un grito jubiloso de alegría dedicado a esas lluvias que te amamantan, a esos montes que te acunan. Después, caminas por huertos de pobres, entre piedras saltarinas. No pares, Río, no pares. Así empieza tu juventud, con la pupila dilatada, enterándote de todo, haciendo piruetas ojo avizor mirando al viento. Y sientes tu sangre golpeándote muy dentro, en lo más profundo aunque la necesaria sangría te esté doliendo, pero tu transfusión mitiga el hambre. Recuerdas, en el crepúsculo, el útero de donde vienes y sabes que el nacer fue fácil; ahora has de seguir, tu madre va quedando lejos y morir no cuesta nada. Has de esperar las venturosas lluvias que te hagan crecer. Busca la paz. Remánsate. Estás creciendo amigo. Acomódate a tu cauce y resiste con vigor las primeras embestidas de los buitres. Eres dueño y señor de tus aguas que ya te las empiezan a envenenar. Al llegar el estío, en el fragor inmisericorde de la tarde, una leve brisa hace ondear, levemente, las colas de pavo real en los carrizos de tus orillas. Es tu homenaje y tú, te rizas orgulloso al calor del trino acompasado. Al caer la tarde, el sol moja sus impúdicas barbas en tu rizada colcha de agua y tú, sultán, sigues tu camino sin volver la vista atrás. A cambio de inmundicias que te arrojan, tú, con primorosa mano, les respondes bordando nuestras lindes con majestuoso encaje de bolillos, truecas en plata lo que antes fue deshecho, haces punto de cruz en sus orillas. Pero no todo es dulzura en tus riberas. Hay ríos de sangre que chocan contra el muro. Este muro de incomprensión e intolerancia que inunda al mundo hasta tenerte que tapar el rostro y dejarlo muy atrás. Luego, a rostro descubierto, abraza a los abandonados del mundo. Hay veces, Río, que te conviertes en Chillida por un día dando forma, a tu capricho, al tronco desmembrado, mañana Barceló y pasado, cuando alguien arroje un saco roto de arpillera, serás, no lo dudes, el Millares más preciado. Pero bueno ¿De qué te ríes?¿Es de lo que dejas?¿Es de lo que vas a buscar? Cierra la boca ya que se te ven las caries. Mientras tú sonríes, alguien duerme en un lecho de hojas otoñadas y piensa en ti, en cómo abriste gargantas a la tierra en tu juvenil etapa, de cómo los hombres –que debieran ser servidores tuyos- ensucian tu rizado cuello y cómo te reclaman a voces esos mares. Sigue tu camino, Río, que yo seguiré el mío. ¿Grumos? ¿Quién dice grumos?!Mierda pura! !Basura despreciable! Se han aprovechado de tu sueño, hermano Río !No te duermas! ¡Huye al monte! ¡Al mar! Aún te quedan fuerzas. Y mientras, los hay que comen en tu vientre, mastican acompasados los troncos adormecidos en tu seno, son seres minúsculos que comen sin parar; trazan sendas y escrituras, esculpen grafías en un idioma que sólo tú conoces. Igual el hombre, al contemplarte, aprendió a escribir. Pero eres generoso, Río. El más generoso y abres tus puertas de par en par, para todo y para todos. Ya eres adulto, te has hecho mayor y tienes tu propia casa que es la que ofreces. Por tener, tienes hasta tu guarda. Un poco maltrecho y requemado pero tan demócrata como tú. A pesar de la apariencia de caballero mutilado. Pero también tienes tus caprichos: riberas de encanto cuajadas de musas que ondean sus cabellos al viento e invitan al escritor a rimar y entretejer bellas palabras. Hay otros poetas que prefieren tu ribera para dejarse arrebatar la vida, por algo son dueños y señores de ella. Ellos saben muy bien de tu grata acogida. Y te preguntan que cómo se está entre tus aguas misteriosas y tú, majestuoso, respondes que aquí nunca se muere, sólo se espera el rayo luminoso. Existe entre hojas secas y retamas agostadas un ser mitológico que clama. De sus ojos vigilantes surgen gotas de rocío que son lágrimas de amor. Llanto de amores perdidos, de cadáveres de guerras lejanas. Hoy, amiga, no te asomes al Río. Una huella. Un pie descalzo. Un paso, y otro, y otro…y el agua. Tú agua cada vez más cerca. Ya la sientes. Ya te envuelve. Déjate envolver. Espera bajo su manto. Muere dulcemente. Descansa. Al retirarse tus aguas de las márgenes, después de una crecida, el irredento sol se encarga de romper el limo que dejaste hasta cuartearlo con gruesas grietas a modo de fronteras. Y marcan diferencias donde tú pusiste igualdad. Como salido del humo de metralla presenta el viejo tronco altivo sus muñones. Alguna rama seca de tu cuerpo, servirá de albergue a algún zorzal inquieto. ¡Día de fiesta, Río! ¡Día de crecida! ¡Día de paternidad, Río! ¡Día de fecundación! Hoy llegas altivo, rebosante, dueño y señor de llanos y praderas y las inundas dejando huella de tu estirpe. El sol, ayudará al crecimiento de tu siembra. Por estos pagos te creíamos muerto, como el tocón angustiado y seco pero renaces Río, y tu simiente pronto ve la luz, la flora renacida. Sigue tu camino vacilante rumbo a la mar. Ya lo he dicho anteriormente, Nacho y Sebas, Sebas y Nacho nos regalan esta joya poética en forma de libro. Tanto uno como el otro han sabido captar, con una sensibilidad inaudita, los claro-oscuros del Río, los grises del paisaje, la fecundidad o esterilidad de la tierra. Hay más. Más imágenes. Más textos. Pero más, en mi caso es cansar. Y no escribo esta introducción para cansar sino para ensalzar. Para buena letra la de Ignacio. Para buen hacer con un objetivo y una mirada la de Sebastián. Que lo disfruten ustedes. Juan A. Martínez Pozo 02-2005
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