alfonso infantes

EXPOSICIONES
30 imágenes en: RE-TROUVÉ

Cuando llegó al más allá, la cámara de Alfonso ya estaba allí…

Y es que el ojo de este artista, siempre viajero, parece haber hecho la ida y vuelta antes de nosotros  haber llegado. Hay realidades que adquieren su verdadera identidad cuando se convierten en imágenes. Es entonces   cuando alcanzan  categoría de metáfora e impacto de greguería, cuando el contenido se hace carne en el continente y la coherencia de los significados  se esconden bajo los significantes más dislocados y surrealistas: ante la realidad manipulada, adquiere su verdadera dimensión la imagen creada o colocada en su verdadero sitio, siempre que ésta parta de la honestidad y de la sinceridad del artista y se entregue como una propuesta constructiva  de diálogo y no como un ultimátum dogmático.

 Alfonso Infantes no sabe (quizás tampoco pueda) pasar de largo ante la realidad, sea ésta la que sea. El no sé qué de su mirada rumiante le impele al re-encuentro, a la digestión reflexiva que la va a mostrar poliédrica y polisémica sí; pero quizás también más nítida, sin las adherencias de contextos domesticadores.

Las fotos que ahora vemos, esta vez de alardes técnicos más contenidos,  retratan también la mirada del artista: unas veces tierna y otras pedernal;  dulce allí y ácida aquí;  irónica y crítica ante el poder,  paciente y misericordiosa hacia lo desvalido; pedagógica siempre. Si en otras ocasiones nos ha mostrado la aldea para acercarnos al mundo, ahora nos invita a un viaje cosmopolita para  aproximarnos a nuestra aldea, uno y otra paradigmas de luchas persistentes y contrastes encubiertos: un mundo cosificado por el ser humano contra de su imagen y semejanza, que agranda los recursos a la vez que disminuye las posibilidades, que marca los tiempos en relojes que huyen, que ejecuta violencias bajo celofanes de amor,  que lo mismo “enca-mina” sus pasos por cadenas funambulistas  que los encasilla hasta llevarlos a una meta-sumidero tras pasear la largueza de su agonía en el catafalco de una limusina, un mundo seriado que sin embargo reivindica el individualismo, un mundo lleno de tormentas de sombra e iconos de brillos… Y sin embargo, y a pesar de ese desgarrador grito enmarcado, algo parece germinar en estas imágenes, algo que hace esperar que otro mundo, mejor,  es posible.                            

 José Román Grima

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